La gestación de una novela (I): la idea

Una inglesa borracha

Todo comienza un día en el que tienes que estudiar para el examen final de una asignatura especialmente hueso. O un día de esos en los que estás a las nueve de la noche en el trabajo, cuando la única luz encendida que queda es la tuya y tienes que entregar una tarea por narices antes del día siguiente. O, quizás, uno de esos días en los que te sientas delante del teclado como compositor a punto de interpretar la obra de su vida, pensando que ya es hora de terminar esa maldita novela que empezaste el año pasado y que nunca resulta lo suficientemente buena.

De pronto, ¡zas!, aparece ante ti. Danza ante tus ojos cual inglesa achispada y medio desnuda. Ya te la conoces de sobra, pero siempre que llega es algo completamente nuevo. Se llama…

Inspiración.

La inspiración (“musa” para los amigos) es ese momento sacralizado y venerado por los artistas de todo el mundo. Ya Picasso decía que existir, existe, pero debe encontrarte trabajando. Mi inspiración, que solo en ocasiones se presenta en forma de inglesita borracha, siempre aparece cuando me he dicho a mí misma que no-tengo-tiempo para meterme en más fregados. De hecho, sus fases más prolíficas suelen coincidir con aquellas en las que estoy más proactiva, con más ganas de comunicarme o con la lista de cosas por hacer llena hasta el tope.

La inspiración te trae algo muy especial en el centro del escote: algo que no estaba ahí antes y que, como el dios Ra de la mitología egipcia, se ha creado a sí mismo. Es una cosita sollozante y en pañales, un poco monstruosa (como el bebé de Eraserhead), que abre la boca y llora con toda la fuerza de sus pulmones. Una sola mirada y ya percibes su voluntad indomable. ¡Es una idea!

El bebé, o la idea

Creo que no es necesario definir el término en sí. Todos tenemos ideas. La idea, bien sea para una novela o cualquier otra forma artística, es una cosa amorfa y multipropósito escondida entre un par de pechos, una versión primigenia de algo que nunca ha existido (las ideas pertenecen a ese mundo platónico más allá de la caverna), pero que en algún momento hemos imaginado. Por ejemplo, una chica que transmite sensaciones a través de los platos que cocina es una idea, y se llama Como agua para chocolate. Un extraterrestre con superpoderes que llega a la Tierra y se hace amigo de los humanos es una idea, aunque tan arquetípica y poco desarrollada que podría ser tanto Superman como E.T. (Un superhéroe que llega a la Tierra ya es otro cantar.) Una niña superfuerte con coletas es una idea: Pippi Calzaslargas es su nombre.

Las ideas son como los traseros: todo el mundo tiene una y cada una es particular. Las nombradas arriba son ideas bastante abstractas, por ejemplo. Las mías también tienden a lo conceptual… porque casi siempre parto de un sentimiento, una intencionalidad o un deseo. Por ejemplo: la intención “me gustaría expresar la frustración de una niña al encontrarse con la adultez y verse forzada a abandonar el refugio de su mundo infantil, reglado y dual, por las contradicciones de la vida adulta” (que ocupa algo así como el 80% de mi producción) puede verse plasmada en la siguiente idea: un montón de colegialas de un internado a finales de los años cincuenta viven aventuras amorosas unas con otras. De momento no hay más: esa es la idea.

Sin embargo, hay mucha gente que parte de ideas mucho más concretas y/o detalladas. Por lo general, estas se centran en una imagen o una escena (ver el apartado siguiente). Mis ideas a veces también surgen de esta manera. Las ideas sensoriales me resultan sorprendentemente fáciles de desarrollar en comparación con aquellas que están motivadas por un concepto o un sentimiento más personal. Yo las suelo sentir menos cercanas. Siete hermanos con armaduras brillantes se cortan unos a otros la cabeza. Veo la sangre, huelo el sudor. Esta es una idea basada en la experiencia sensorial.

Pero ¿¿de dónde viene una idea??

¿No te convence la teoría de las inglesas y las cigüeñas? Está bien. Verás, en realidad te he mentido un poco. Las ideas vienen del mismo mundo que tú y que yo. Surgen de algo tan simple como una sensación ligera como el aire, las notas de una canción, la fuerza de una palabra. Por ejemplo, soledad. (Seguro que hay alguna canción que se llame así.)

Como ya he comentado, mucha gente asegura que el germen de sus ideas es simplemente una imagen o una escena. En parte esto se debe a la época hipervisual en la que vivimos. La gente ve y oye aquello que retumba inquieto en su cabeza. Yo tampoco soy exactamente una excepción; si bien es cierto que mis ideas parecen centradas en sentimientos y conceptos, tampoco los pienso en vacío. Si algo se muestra ante mí, al final lo escucho, lo veo, lo huelo. Sufro de algo así como una sinestesia conceptual en la que un sentido puede ser predominante, pero nunca es único.

Sin embargo, yo también puedo ser muy ciega y muy poco emotiva al tener ideas. En ocasiones pienso en letras. Pienso que querría hacer una historia sobre adolescentes con un estilo audiovisual, por ejemplo. Esto no es algo concreto, ni ningún sentimiento que quiera expresar… sorprendentemente. Estas ideas son más técnicas. Seguramente luego me pondré manos a la obra y expresaré todos los sentimientos del mundo, pero eso sucede en la realización y no en la concepción.

Tu idea no es mi idea

El germen de una idea puede haber sido algo vivido que en ese momento viene a la cabeza, o algo completamente inventado; para eso está la imaginación. Por ejemplo, algo vivido es la bronca que me ha echado mi jefa esta mañana. Y ahí es donde vienen las diferencias, porque ¿acaso tú y yo recordaremos la misma bronca de la misma manera? No, porque tú y yo percibimos de distinta forma y nos interesan cosas distintas. De ahí que a veces sea un poco crítica con ciertos libros y talleres acerca de cómo escribir, porque bastantes parten de la premisa conductista implícita de que a todos nos llaman la atención las mismas cosas y que reaccionamos igual ante el mismo estímulo.

Más allá de unos parámetros básicos (más emoción, mejor; más conflicto, mejor), yo creo que cada uno es de su padre y de su madre. A mí en general las historias sobre timadores me importan un huevo, por solo poner un ejemplo. No me interesa la idea, el concepto. ¿Y por qué fracasan bastantes escritores (varones) a la hora de crear personajes femeninos, en mi opinión? Porque no les interesan un huevo: ese tipo de personajes está ahí porque están en el mundo, y punto. Y creo que aquí es donde se estrella mucha gente, porque en esto, en la percepción, es donde existe menos posibilidad de cambio, aunque siempre está la posibilidad de abrir la mente del escritor a una percepción más amplia.

Y tú, ¿cómo lo ves?

Volviendo al tema del recuerdo, los hay que se centrarán en la cara de cabreo de la jefa, la brillante congestión de sus mejillas y los perdigones de saliva que salían disparados de su boca cuando hablaba. Los hay que piensan en la situación de humillación, en la relación de poder entre jefa y empleada, que sin duda implica un par de cosas en la oficina y fuera de ella. Los hay que recuerdan el timbre de la jefa al hablar; las palabras que ha dicho; su sonido. Todo depende de la forma de percibir de cada uno y de lo que más nos interese. Por eso cuando alguien dice que todo en su cabeza empezó con “una escena”, yo me pregunto: bueno, sí, pero ¿qué tipo de escena? Y si puedes contestar a esta pregunta… tal vez estés encuadrando tu idea en un género, que en mi opinión, es una de las mejores formas de acotar una idea.

Las escenas que no se basan en ninguna vivencia personal son todavía más dispares. Esas se las imagina cada uno como quiere. Muy habitual entre los escritores, parece ser, es inspirarse en las noticias que salen en el periódico. La verdad es que hay cada una de la que podría salir no una novela, sino una saga entera. Recuerdo una que a mí me inspiró otra escena de un guión: un payaso de circo había entrado borracho en la jaula de un león a rascarle entre las orejas (se presupone. El león se había zampado su brazo y estaba por empezar con el resto, cuando la domadora, que se encontraba por allí por casualidad, entró en la jaula con un látigo y logró dominar al animal. Evito mencionar los nombres para preservar la intimidad de la domadora y el payaso. Como esa hay miles. Si no las lees en el periódico, alguien te las contará, y de ti depende ver en ella una tórrida historia erótica, un terrible drama social o, como a mí me suele ocurrir, una especie de tragicomedia del absurdo que simboliza el drama de la vida cotidiana. (*)

Y como colofón, una idea también puede ser algo total y absolutamente inventado, que para eso está la imaginación. Yo no he visto nunca a una niña tipo Caperucita Roja llamada Hojirritastetuk que se vista con hojas de castaños, tenga un pasado oscuro y vaya a visitar a su tía, que vive en medio del bosque, pero me la puedo imaginar. (Mira, voy a escribir las historias de Hojirritastetuk algún día.)

La idea quiere biberón

Cuando está en esta fase, la idea, aun cuando puede tener la ligera sensación de estar destinada para una cosa u otra (una novela, un poema), todavía no tiene una forma determinada. Es más bien un concepto que debe encontrar su expresión adecuada. Molaría una historia inspirada en Los Cinco de mayores. Bien, ¿un relato? ¿Una novela? Incontables son los talleres literarios que te ayudan a encontrar la mejor forma de contar una historia. Pero… yo diría que en este momento la historia apenas es una historia. Es un bebé monstruoso que quiere biberón, y solo si lo alimentas desvelará la historia que lleva dentro.

(O a lo mejor lo que desvela es que es una solemne gilipollez y que no te apetece realizarla. Como a mí me ocurre cuando pienso en el hombre-lobo Jeremías que creé cuando tenía diez años y que se camuflaba como lobo disecado en una escuela. Esto, perdón, pero no. Abandonaré la idea en algún monte cercano y aquí no ha pasado nada.)

Alimentando tu idea… y sus hermanas

Por último, una recomendación: hay que saber cuántas ideas puedes criar a la vez. Esto depende mucho del escritor que cada uno sea. La mayoría de gente cría una o dos y deja el resto en algún lugar de su cabeza, en plan despensa de ideas. He visto de todos tipos, desde guarderías de ideas donde están todas bien cuidadas y rosaditas hasta lugares lóbregos de ideas que una vez fueron y nunca serán.

Yo soy un poco madre desastre. Tiendo a ser bastante maternal con mis ideas y dar el biberón a muchas a la vez. Me crecen, me engordan y la casa se convierte en un jaleo monumental de la que nadie se va. Recomiendo tratar de mantener un sabio equilibrio entre las visitas de la inspiración-inglesa y la cantidad de ideas que se pueden criar a la vez, porque lo que está claro es que cada idea se piensa que es única y que solo ella tiene derecho a tus atenciones. Si puede, te hará su sierva y te chupará hasta sacarte todo el jugo.

Hay gente muy suertuda que sin embargo se queja de que sus inglesas son unas sosas y solo les dan una idea de Pascuas a Ramos; la mía debe de pasarse por la piedra a medio país y además es dada a los partos múltiples, con lo que con frecuencia me inunda de bebés sin el más mínimo complejo. Esto puede ser una enorme ventaja a mi favor (evidentemente, yo no le tengo miedo a la hoja en blanco), pero también una gran desventaja, puesto que esta dispersión lamina una de las principales cualidades que debe tener un escritor: constancia. La inspiración viene y va, pero solo la constancia es capaz de desarrollar ideas y convertirlas en novelas.

Pero de eso, y más, hablaremos en el siguiente capítulo.

(*) Esto es p’a quien se piense que la Rain Michael es todo inglesitas borrachas y novelas incompletas.
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Acerca de Rain Michael

El numen cacumen detrás de RainMichael.Com. Esa que es artista, cuentista, partidista y un montón de cosas más que acaban en -ista. La autora de Un pavo rosa, Las chicas de Gaylands y demás novelas sobre chicas adolescentes que hablan mucho, piensan un poco y suelen querer irse a la cama unas con otras. Lee más sobre mí aquí o contáctame. No muerdo... salvo si me lo piden.
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3 respuestas a La gestación de una novela (I): la idea

  1. Gina Woof dice:

    Qué interesantes estos posts tuyos sobre la escritura. Espero los siguientes con impaciencia. :)

  2. Pingback: La gestación de una novela (II): el argumento | Tantas mujeres y tan poco tiempo

  3. Felicitaciones por excelente documentación para escritores novatos,para mí es de mucha utilidad,y me gustaria que poco a poco me fueran conduciendo y corrigiendo ,actualmente estoy escribiendo una novela pero necesito que alguien me ayude .
    Gracias por su colaboración

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