La gestación de una novela (IV): los personajes, parte 2

¿Recordáis la entrada de la semana pasada, Los personajes: parte 1? Bien, esta es la segunda parte. En ella me voy a referir a distintas perspectivas sobre la creación de personajes de novela. Entraré en terrenos que exceden el mero tratamiento de los personajes y que se refieren al estilo personal del autor y su forma de abordar la creación literaria. Me convence menos que la anterior, pero había dicho que la publicaría y quiero cumplir con mi palabra. ;)

La voz del personaje

En la entrada anterior me referí a los personajes que se parecen mucho, sospechosamente, a sus creadores. Hay algo que los escritores desarrollan con el tiempo que se llama su voz personal. No solo me refiero al estilo. Un escritor puede aplicar estilos distintos a novelas diferentes (de hecho, un buen escritor sabrá ser versátil), pero siempre habrá un “sello” o esencia común: una forma de expresarse, de usar las palabras, de dividir párrafos y acciones, de distribuir y comentar la información… que será inherente al autor. Cuando leemos el libro, sentimos que alguien nos lo está “contando” y su voz es la voz del escritor.

Ahora bien: ¿eso quiere decir que mis personajes deben hablar como yo (en los diálogos) o pensar como yo (en lo que denominamos, de forma muy laxa y genérica, “monólogo interior”)?

La mayoría de teóricos os dirán que no, por supuesto: cada personaje es diferente. Pero esa es la teoría. En la práctica, entre la voz del autor y la de sus personajes hay una especie de equilibrio inestable. Hay escritores con una voz extremadamente potente, que casi siempre silencia la de sus personajes. Suelen ser personas muy ingeniosas, enérgicas y convincentes. Muchos de ellos son capaces de crear personajes bastante distintos, pero curiosamente (o no tanto) todos hablan, piensan, incluso reaccionan… de manera parecida. Un ejemplo claro es para mí Chuck Palahniuk, el autor de El club de la lucha, o Lucía Etxebarria.

Aquí entramos en un terreno pantanoso. Por una parte, es muy difícil modular esta voz de forma que cambie con cada personaje. Además, ¿por qué habría que hacerlo? ¿No es cierto que en muchos casos estas voces son maduras, personales y alabadas por la crítica? Muchos personajes de Poe hablan con la misma voz, y Poe era un genio, ¿no es así?

Yo tengo mis propios pensamientos al respecto, aunque no son terminantes. Al no ser una autora visual, mi especialidad son las voces. Cuando escribo, me motiva muchísimo escuchar las voces de los personajes e interiorizarlas, intentar pensar, sentir y hablar como ellos. No siempre represento las escenas visualmente, pero las escucho. Cuando leo, me encanta encontrarme con voces distintivas y distintas en el mismo texto.

Por supuesto que por muy diferentes que sean los personajes, siempre conservarán esa esencia común. (Inevitable: son creados por la misma persona.) Sin embargo, aunque admiro mucho a los autores con voces carismáticas, me seducen aún más los que son capaces de diluirse en las voces de sus personajes. Me fascinan las novelas como La conjura de los necios; cada vez que un personaje abre la boca, sabes exactamente quién es. Los autores de voz consolidada son muy buenos si te gusta su voz; los autores de voces múltiples son siempre extraordinarios.

Las voces múltiples son un rasgo contemporáneo, típico de las novelas psicológicas, con varios personajes principales y distintas perspectivas. Curiosamente, recibe menos atención que la complejidad de los personajes, quizás porque es mucho más difícil de conseguir. Dirimir cuál es el color favorito de nuestro protagonista es un paseo. Hacer que piense, sienta y hable de una forma especial y/o distinta a la nuestra es un dolor. Nos cuesta averiguar qué preocupa a otras personas y de qué formas se puede reflejar esto en el texto. En su lugar, casi todos los personajes de alguien interesado en la moda saben reconocer marcas de ropa, los “hijos” de los músicos saben el título y el autor de la canción que está sonando en todo momento y los de los literatos citan a diestro y siniestro autores renombrados, aunque los personajes no parezcan especialmente “leídos”. No es un pecado… salvo cuando pese a tener pasados distintos y ser aparentemente muy diferentes, todos los personajes acaban citando a tu autor favorito.

Por otra parte, después de haber escrito un par de novelas en las que la mitad de los personajes no saben hacer la o con un canuto, debo decir que literariamente dan más juego los personajes pedantes. Es así; no hay que darle más vueltas. Aunque en ocasiones esto conlleve hacer trampas y decir que un adolescente medio de trece años reconoce cuadros de Van Gogh (algo estadísticamente imposible, como todo el mundo sabe).

Character-driven Vs. story-driven

Se dice que hay dos tipos de historias: aquellas en las que la acción es más importante que los personajes y aquellas en las que los personajes son más importantes que la acción. Antes que un ochenta por ciento de los autores vengáis a decirme que pertenecéis al segundo grupo, una aclaración: sí, estas novelas se suelen considerar más “profundas” que las primeras. Las primeras son thrillers, novelas de terror y de acción, determinadas novelas de fantasía y ciencia ficción, en las que cuenta más el mundo o la situación descritos que sus habitantes. Las segundas son lo que llamamos “ficción literaria”: todo lo demás… y lo que surja.

Ahora bien: el hecho de describir los lunares de la barbilla de tu personaje no hace que tu historia sea un sesudo análisis sobre tus personajes. Hace que sea un coñazo.

Vamos a ilustrar la dualidad personaje/historia con un ejemplo muy chabacano, pero que me resulta muy fácil de describir. ¡Imgrot y Rain!, pareja literaria con un miembro que se sabe story-driven (Imgrot) y otro character-driven (Rain).

Rain e Imgrot comentan sus novelas muy a menudo. Rain le habla a Imgrot de cómo planea que las acciones de un personaje afecten a otro, de la evolución de un personaje a lo largo de la novela, de los sueños que anticipan cómo otro va a hacer lo inesperado. A Imgrot esto le suena a chino y habla a Rain de la planificación de la tensión de sus escenas, de las escenas de acción interrumpidas por descripciones, de los diálogos que desembocan en clímax con finales impactantes.

No, no es que Imgrot y Rain no hablen el mismo idioma: es que se están basando en aspectos distintos, ambos totalmente lícitos, para construir sus historias.

Mi ideal, y el de muchos, es una mezcla armoniosa de historia y personaje. Es ese equilibrio en el que las acciones surgen del personaje y fluyen junto a él, de forma que la novela no se reduce a un mero teatro mecanicista ni a una confesión de sentimientos sin orden ni concierto. A ambos tipos de autores les cuesta entender cómo funciona el otro. Es necesario que el mayoritario tipo de escritores que se creen character-driven (nota pícara: en realidad, muchos son story-driven, solo que todavía no se han dado cuenta) aprendan la mecánica de las novelas para que esta les ayude a estructurar las acciones y reacciones de sus personajes. Los autores story-driven suelen tener que aprender a superar estereotipos, a escuchar la voz de sus personajes y a pensar en sus motivaciones para justificar las acciones que desean que ocurran. Ambos tienen mucho que aprender el uno del otro y, probablemente, una de las colaboraciones más fructíferas sea entre distintos tipos de autores, aunque los enfoques no siempre coincidan.

Presencia y esencia

Una de las últimas distinciones entre maneras de abordar personajes es difícil de ver al inicio del proceso de creación. Se trata de la presencia versus la esencia. Contesta a las siguientes preguntas:

  • ¿Conoces el color del pelo de tu personaje? ¿Su altura, la forma de su nariz? ¿Su manera de tumbarse en la cama? ¿Su risa? ¿La prenda que ha usado más veces?
  • ¿Conoces la historia familiar de tu personaje? ¿Su mayor tentación? ¿Lo que más le avergüenza? ¿Por qué se siente culpable? ¿Su primer recuerdo?

Si has contestado más preguntas del primer punto que del segundo, es probable que seas un escritor de presencias. No hay nada malo en esto, porque mucha gente se define a través de sus preferencias sociales, lo que escucha y lo que lleva puesto. Los escritores de presencias suelen ser más táctiles y visuales que los de esencias, que carecen de tanta variedad en este sentido y con frecuencia recurren a lugares comunes.

Los escritores de esencias son los segundos. Conocen la vida interior de sus personajes de pe a pa, pero no saben manejarse tan bien en el mundo de los sentidos y muestran cierta preferencia por apoyarse en adverbios y adjetivos para definir “cómo” hace un personaje las cosas. Eso sí, cuando se trata de monólogos interiores, son los reyes.

Los escritores de esencias tendrían las de ganar en un mundo en el que los personajes encarnasen luchas de valores, que es algo en lo que no suelen pensar los sensitivos autores de presencias. Lamento decir, sin embargo, que hoy día se da clara preferencia a los escritores de presencias. El “mostrar” ha ganado la partida sobre el “contar” y hoy día las novelas deben jugar con los cinco sentidos para resultar atractivas. Esto no quiere decir que de pronto haya que describir toda la apariencia externa de TODO el mundo. Se puede conseguir mucho con unas pocas pinceladas. Simplemente asegúrate de no repetirlas o de apoyarte siempre en lo mismo.

Hasta dónde definir…

Por último, ¿cuánto es demasiado? ¿Hasta dónde se debe definir un personaje? Nos ha quedado claro que el saco de los rasgos de personajes principales debe estar más lleno que el de los episódicos, pero ¿es necesario saber su primer recuerdo, la ropa que más se ha puesto, los lunares que tiene en la barbilla, etc.?

Encontraréis gente en Internet (y fuera de él) que os dirá que, cuanto más sepáis sobre vuestros personajes, mejor. También intentarán venderos que ellos rellenan largos cuestionarios (como este muy interesante de Proust) y que mantienen fichas actualizadas de cada uno con sus rasgos y biografías.

Todo esto es muy entretenido si uno tiene tiempo para hacerlo. No obstante, mi opinión general es un poco distinta.

Lo que a mí realmente me ha resultado útil no es cuánto supiera de mis personajes, sino lo cerca que podía sentirme de ellos. Yo no sé cuál es la prenda que más se ha puesto Alex ni la comida favorita de Nick. (Oh, cielos, ¡ni siquiera sé eso!) Sin embargo, puedo imaginarlo llegado el caso. Mientras escribo, descubro cosas nuevas sobre los personajes: historias que desconocía, curiosidades que a ellos mismos les resultan extrañas. Mis personajes tampoco son iguales al comienzo de la historia que al final. De ahí que suela ser mejor escribir primero y revisar después. La propia novela es un viaje de conocimiento de los personajes.

Por supuesto, esto no es más que lo que A MÍ me funciona y probablemente es así porque siempre he sido demasiado vaga para mantener nada parecido a fichas actualizadas de personajes. Al saberme character-driven, si definiera tanto a los personajes desde el principio, perdería la posibilidad de desarrollarlos a lo largo de la novela. Mi recomendación es tenerlos claros, no analizados hasta el tuétano antes de empezar. Una vez se me olvidó el apellido de una de mis chicas de Gaylands, pero creo que ha sido el único descuido importante que he tenido en muchos años acerca de la idiosincrasia de mis criaturas.

Cuanto más avanzamos en la creación de nuestra novela, menos reglas hay y cada uno debe manejarse como más le convenga. De la misma forma que hay autores que se sienten constreñidos si saben de antemano lo que va a pasar en la historia, hay personas, como yo, a las que no les gusta conocer del todo a sus personajes. Recomiendo probar ambas variantes y ver con cuál os sentís más cómodos.

Yo todavía experimento con distintos grados de conocimiento. Hace unas semanas me lancé a escribir el primer capítulo de una novelita que había definido en espacio de veinticuatro horas (un impulso) y me di cuenta de que la protagonista todavía estaba un poquito verde en mi cabeza. Le faltaba esa voz personal que un protagonista debe tener. Seguramente mejorará a medida que avance, pero es muy probable que haya que reescribir ese primer capítulo para añadir todos los detalles sobre su forma de ser y su vida que todavía no conozco.

Eso sí: haga lo que haga, no pienso abrirle ficha a mi legión y media de personajes. Eso está fuera de toda cuestión, so pena de quedarme sin espacio en el disco duro.

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Acerca de Rain Michael

El numen cacumen detrás de RainMichael.Com. Esa que es artista, cuentista, partidista y un montón de cosas más que acaban en -ista. La autora de Un pavo rosa, Las chicas de Gaylands y demás novelas sobre chicas adolescentes que hablan mucho, piensan un poco y suelen querer irse a la cama unas con otras. Lee más sobre mí aquí o contáctame. No muerdo... salvo si me lo piden.
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2 respuestas a La gestación de una novela (IV): los personajes, parte 2

  1. Charlie dice:

    Yo he intentado llevar fichas de personajes, pero soy de tu opinión: quitan un tiempo precioso que se podría dedicar a escribir y, de todas formas, si ya está uno haciendo bien su trabajo, que es escribir la historia, no hace falta mucho más.

    Precisamente, le dediqué mucho tiempo a la ficha y a tratar de dar vida a la trama de un personaje y este fin de semana he llegado a la conclusión de que tengo que «matarle». ¿Y cómo he llegado a esa conclusión? No analizando y planificando previamente la historia, sino desarrollándola.

    El artículo me ha gustado, y me ha dado qué pensar. Yo empecé siendo character-driven, o creyendo serlo, pero con mi proyecto actual me he dado cuenta de que prefiero centrarme más en lo que hacen y dicen los personajes que en lo que puedan estar pensando. Y no es que no me parezca interesante, pero creo que es más sutil y más sugerente dejar al lector que interprete gestos y palabras que jugar a la telepatía. Que puede funcionar según el autor, por supuesto, pero en mi caso le da más verosimilitud a la historia. También he descubierto, por cierto, que me encanta escribir escenas de acción :) ¡Qué bonito es escribir e ir descubriéndose uno mismo detrás de tanta mentirijilla! :D

    ¡Saludos!

    • Rain Michael dice:

      Me alegra ver que coincidimos ;)

      En esta entrada he mezclado un poco algunos términos. Con lo de character-driven y story-driven no me refería tanto a si la novela es más estática e intimista o si por el contrario hay más acción, sino a si los personajes vienen antes que la historia (y por tanto la condicionan) o si la historia se ha definido antes que los personajes (y por tanto es esta la que lleva o “arrastra” a los personajes a través de los sucesos). Mi compañero no define personajes cuando se le ocurren ideas, sino más bien figuras, sombras que ejecutan las acciones que él quiere que ocurran y que más adelante rellena con cualidades. A mí se me ocurren personajes muy definidos, pero que no necesariamente están haciendo nada. Tengo que pensar en ese personaje en concreto para que se me ocurra algo que le puede pasar (y que probablemente le pase porque es él/ella).

      No obstante, una de las consecuencias más evidentes de tirar por uno u otro camino es que la novela describa más el mundo interior de los personajes o sus acciones externas. Así que ambas cosas están relacionadas.

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