Nota aclaratoria: Este fanfic fue escrito cariñosamente por Imgrot para Rain Michael. La pareja es Buffy/Faith y la calificación, +18.
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De alguna forma estaban conectadas, de alguna forma ambas sabían lo que sentía la otra en cada momento, siempre lo habían sabido y siempre lo ignoraban.
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Sí, Buffy lo había visto. Xander la miraba y los chicos del instituto. La miraban porque llevaba camisetas de tirantes ajustadas y cazadoras de cuero y sobre todo porque querían saber como era sin toda esa ropa. Faith, sí. Sabía como todos la miraban, pero ninguno lo hacía como ella. No es que no quisiese verla desnuda, que Dios la perdonase, pero ella no la miraba así. Ella veía sus labios carmín y su sonrisa cargada de ironía y de una oculta pena. Ver aquella sonrisa era verse a ella reflejada, tal vez más salvaje e inconsciente. Odiaba y amaba esa sonrisa tal y como odiaba y amaba la presencia de Faith, sus andares, los estúpidos nombres que le ponía a todo…
Miró por la ventana de su cuarto, sábado por la noche. En un mundo normal ella habría aprovechado la ausencia de su madre para montar una fiesta o ver unas películas un poco picantes con sus amigos. En un mundo normal esa sonrisa que la acompañaba entre las sombras no podía ser tan triste, ni esos labios tan rojos.
Ahora no la llamaría B, ni ningún otro nombre y nadie la miraría, solo ella en la intimidad de su cuarto. Su madre no estaba y la casa era solo para ellas. Buffy permaneció paralizada sobre la cama. Todo era oscuro y eso era bueno porque…
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Faith la miró. La miró con la misma mezcla de amor y odio que muchas veces había visto en Buffy, solo que en esa mirada el odio superaba al amor. No la llamaría B, ni Buffy, ni de ninguna otra forma. Era rubia y punto y estaba tan nerviosa que no se atrevía a moverse, todo lo que necesitaba en aquel momento. Comenzó a desabrochar su blusa y ella suspiró. Hacía un poco de frío, pero no importaba, ella siempre había sabido cómo dar calor sin recibirlo. Ella tenía el pelo revuelto y eso le gustaba, besó su cuello. Al final ella siempre tenía que ser la que llevase la iniciativa. Su mano se metió entre sus piernas, firme pero no sin delicadeza…
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Buffy dejó escapar un suspiro. La delicadeza no era el fuerte de Faith y no podía serlo con ella, ¿verdad? Pero le gustaba y su mano acompañó a la de Faith entre sus muslos, dejando que la explorase. Ésta vez sería rápido, brutal, y chillaría por todas las cosas que compartían y no compartían mientras ella estaba allí con su sonrisa congelada. Después habría tiempo para algo más suave, y más tarde para el remordimiento, siempre lo había.
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La sonrisa de Faith se había vuelto de hielo, hacía frío y ella seguía inmóvil. Cogió la mano de la rubia, quería morderla, quería ver sangre y paladearla. Odiaba aquella mano, pero disfrutaba con su tacto y la pasó por encima de su vestido negro, rozando sus pezones, imaginando, hasta que hizo que la tocase donde realmente deseaba ser tocada. No llevaba bragas, nunca lo hacía cuando salía. La dirigió, con ansia. Ella seguía sin moverse, salvo sus apagados suspiros. Seguía haciéndose la virginal. Todas lo hacían, incluso la chica mona con sus vestidos de barbie-prostituta, todas eran unas hipócritas. ¿Pero qué hacía pensando tanto? Su mano estaba entre sus piernas y ella era rubia, con el pelo revuelto y eso era bueno, sí…
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Buffy dejó que sus dedos llegasen hasta lo más hondo. Siempre lo hacía, ella siempre lo hacía, mientras la miraba con los ojos fuera de las orbitas. La sonrisa de Faith era estática, sus ojos mirándola fijamente sin pestañear. Gritó de puro placer sin limitarse, no había nadie en casa.
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A Faith no le importaba que la oyesen y gritó sin importarle para nada si la rubia gritaba con ella. Era tan parada, tan modosa, pero nada le iba a arrebatar su momento y ella gritó y gritó meneándose como todos se imaginaban que hacía. Había visto como la miraban y la juzgaban y su mano se movió con rabia entre las piernas de la rubia, arrancándole el orgasmo. En alguna parte, Buffy estaba sintiendo lo mismo.
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De alguna forma estaban conectadas, de alguna forma ambas sabían lo que sentía la otra en cada momento, siempre lo habían sabido y siempre lo ignoraban.
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Buffy soltó la foto de Faith, jadeando. La había cogido del maletín de Wesley cuando no miraba. De aquello hacía ya dos semanas. Había pensado en devolverla, pero no era más que una foto de archivo aburrida y una foto no podía hacerle daño a nadie, como no se lo hacía a ella. Esta vez el remordimiento había llegado un poco antes de lo esperado.
Se vistió despacio y se asomó a la ventana de su cuarto. Su barrio estaba tranquilo aparentemente. Si fuese un mundo normal, si fuese una chica normal, ella estaría en el Bronze con los demás de su clase, meneándose en la pista de baile, tratando de conseguir al menos un ligue ocasional, uno que no supiese matar vampiros, ni tuviese los labios tan rojos. Abrió la ventana, hacía frío, no le gustaba la noche. Para los demás era su momento de ocio o descanso pero para ella era su turno de trabajo. Tal vez más tarde debería visitar el cementerio. Siempre había mucho que hacer por allí. Tiritó.
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Detrás del Bronze, Faith también tiritaba… de placer. No conocía el nombre de su amante ocasional, ¿acaso la sorprendía? Y tampoco deseaba preguntárselo. Era rubia y eso era bueno. Se ajustó el vestido. Ella seguía sin decir nada, su espalda apoyada contra la pared de la parte trasera del Bronze. Jadeaba, pero no se atrevía a mirarla. Faith deseó destrozar aquella cara. Podría al menos decir algo, ¿no? Con sus poderes no le habría resultado difícil. Se contuvo. Al fin y al cabo era de los buenos, y los buenos no pateaban chicas sudorosas de pechos saltarines. Y menos cuando aún podían ser útiles. Por cierto, tenía trabajo que hacer…
—Escucha, bonita—le dijo sonriendo—. Ahora tengo algo que hacer, pero dentro de un par de horas volveré. ¿Por qué no nos tomamos entonces una copa y repetimos esto?
Ella asintió y entró en el Bronze, quiso besarla, pero Faith no la dejó. Por un momento mientras se alejaba se imaginó a la auténtica Buffy. Si supiese lo que había hecho ya la habría juzgado, condenado y sentenciado, ella y todos sus “amiguitos”. Al cuerno con ellos, Faith no tenía de qué arrepentirse, como siempre.
Sonrió a la noche, una sonrisa triste cargada de falsas promesas. Había dejado su mochila en el perchero con ropa más adecuada y estacas. Visitaría el cementerio, se divertiría un poco y luego volvería a por la rubia del pelo revuelto. Quizás esta vez fuese capaz de decir dos palabras, o de mirarla a la cara. Y si no, no tenía importancia, disfrutaría lo mismo. Matar vampiros siempre la ponía cachonda.








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