Me encanta el país en el que vivo ahora, porque a veces para mí es como vivir en Frikilandia. Como muestra, el libro que desde hace semanas voy devorando pedacito a pedacito.
Lleva una dedicatoria dentro fechada en 1938, nada más y nada menos. Y las historias son realmente interesantes. Es como leer todos los estereotipos presentes en los libros de Enid Blyton, uno detrás de otro, pero con tanto candor e inocencia que resultan arrebatadores. Hay egipcios malos que odian a los ingleses; gitanos malos (aunque la palabra “gitanos” no se menciona) que actúan en los circos y roban niños; franceses artísticos y francesas un poco descocadas, marineros soñadores y con acento, rebeliones escocesas sofocadas en siglos anteriores… y por supuesto, montones de chicas que se deshacen en gestos cariñosos por su amiga especial, colegialas tramposas que cambian los palos de lacrosse en el momento más importante, y enemigas acérrimas cuya sola mirada humedece la entrepierna de hiela la sangre a la protagonista.
Vamos, que me lo estoy pasando teta. Es como leer Las chicas de Gaylands, pero en serio.
Mi único horror es que cierto día se me deshaga en las manos, porque es verdad que está viejecito. Es curioso: me compré otro libro similar de 1966, y las historias me resultaron bastante menos interesantes. En vez de esos amores con la mejor amiga y esas aventuras entre gente extraña en Egipto, muchas historias hablaban de la fama, de la profesión, de los chicos en un plan menos romantizado… Me recordaban mucho más a Esther, de Purita Campos, que a las clásicas historias de colegialas tipo Torres de Malory. Está visto que algo cambió en los 60.
¿Cuál sería el equivalente de estos libros hoy día?







