Escollos en Noviembre (III)

Mi vida se ha detenido durante 30 días. O eso es lo que parece. En realidad, estoy leyendo, saliendo y comiendo bastante más que otros meses, trabajando más o menos lo mismo y limpiando mucho menos (la pila de platos del fregadero lo atestigua). No quedan más que 5.000 palabras para la cifra mágica del NaNo; he terminado la primera parte del libro, aunque con algunas escenas como un colador y otras que pienso quitar, y me dispongo a abordar la segunda (de tres; la tercera mucho más breve).

Ayer estuvimos Imgrot y yo con nuestra compañera francesa de penurias en una fiesta. Sorprendentemente, mucha gente había oído decir que estábamos escribiendo una novela y comenzaron a preguntarnos: ¿y de qué va tu novela?, ¿y la tuya? ¿Cuando empiezas una novela, ya tienes pensado el final? ¿Cómo logras que cada personaje tenga su propia voz? ¿Son tus propias experiencias o es todo ficción?, etcétera, etcétera.

Me sentí un poco intimidada, aunque debo decir que me halaga tanta atención y el hecho de que, además, la “entrevista” fuera compartida con ellos dos. Ambos se habían quedado rezagados en la cuenta de palabras hacía semanas, pero decidieron darle un impulso y hace días que su escritura es frenética. Siempre estaban diciendo: “bueno, esto que he hecho hoy es una mierda”, pero últimamente la cosa ha virado a: “bueno, esto que he hecho no es exactamente como lo quiero hacer; pero no está mal y me ha dado unas cuantas ideas”. No creo que ellos mismos sean conscientes de ese cambio. :D

Mucha gente que nos preguntaba lo hacía porque ellos mismos tenían curiosidad y ganas de ponerse a escribir en algún momento. Por desgracia, o se exigían demasiado (“es que lo que luego sale no tiene nada que ver con lo que yo había pensado”. Qué crees, ¿que a mí no me pasa?) o no tenían la suficiente fuerza de voluntad para sentarse y escribir cuando no tenían ganas.

Hace tiempo, un profesor mío me dio pie para descubrir lo que hoy día pienso: lo que distingue a los escritores profesionales del resto del mundo no es el hecho de que escriban. Casi todo el mundo escribe, igual que casi todo el mundo dibuja o cuenta historias. Lo que realmente distingue a un escritor es la constancia con la que aborda esa afición, placer o trabajo. Razón por la que yo he dudado muchas veces a la hora de considerarme escritora.

Con un poco de mano dura de institutriz, combinada con la tolerancia de una nanny severa pero gentil ante los resultados y un par de NaNoWriMos al año, ¿cuántas novelas más habría en el mundo?

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El asno y su amo

FÁBULA XXVIII

Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
de lo bueno y lo malo igual aprecio.
Yo le doi lo peor, que es lo que alaba.

De este modo sus yerros disculpaba
un escritor de farsas indecentes;
y un taimado poeta que lo oía,
le respondió en los términos siguientes:

Al humilde jumento
su dueño daba paja, y le decía:
Toma, pues que con eso estás contento.
Díxolo tantas veces, que ya un día
se enfadó el asno, y replicó: Yo tomo
lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
¿piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como.

Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano,
pues si en dándola paja, come paja,
siempre que la dan grano, come grano
.

Tomás de Iriarte (1750 – 1791)

Extraído de Wikisource
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Escollos en noviembre (II)

He superado la barrera de las 30.000 palabras. Según Chris Baty, se supone que ahora tendría que ser todo más sencillo, pero las últimas 10.000 han sido un dolor. Solo ayer tuve la sensación de divertirme con lo que hacía. Fuimos Imgrot y yo a escribir a un pub y nos pasamos allí varias horas, en las que hicimos desaparecer un pudding de chocolate, dos cafés, una cerveza, una Coca-Cola, un fish and chips y unos nachos con queso. Sinceramente, no sé cómo logramos escribir a pesar de todo.

Chris tiene más razón que un santo cuando recomienda empezar con algo nuevo. El último verano era de todo menos nuevo para mí, por mucho que empezase desde el principio. He reducido las secundarias a la mínima expresión, y aun así me encontraba con el problema de que, cada vez que una de sus compañeras abría la boca, Mary y Jordan se sumían en un mutismo absoluto y dejaban de llevar el peso de las escenas. Que vale, son un poco paraditas las dos comparadas con otras chicas de Gaylands, pero estamos hablando de las PROTAGONISTAS.

Ayer se me hincharon las narices y escribí una escena donde solo estaban Mary y Jordan, por lo que tenían que hablar sí o sí. Acabaron hablando del pasado con mucha nostalgia y abrazándose un poco en el quiero y no puedo típico de esas dos, supongo que porque una es hetero (?) y la otra tiene demasiadas cosas en la cabeza. Encontré que esa era la esencia de la novela y que tenía que regresar a ella (como a Hartfield Island) si quería retomar interés por mi argumento. Metí a jugar en un partido de lacrosse a un personaje inesperado, terminé con un resultado predecible y logré que este par no cerrase el pico en cuanto hablaba alguna de sus compañeras. Fue al menos esperanzador.

Esta tarde va a venir una compañera del trabajo a cenar y escribir en casa. La convencí para que participase y ahora me siento un poco responsable. :) Su novela habla de la represión y de cómo encontrarse a uno mismo a través de una serie de experiencias, todo pasado por un tamiz hippie/budista. El otro día le traduje (al inglés, porque ella es francesa) el resumen de El último verano y se quedó bastante sorprendida; me dijo:

-Vaya, veo que no sólo habla de chicas con faldas. Es muy interesante.

Creo que debo empezar a presentar mis novelas de otra forma o nadie me tomará nunca en serio.

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Una vieja canción

Ayer vi Harry Potter and the Deathly Hallows (parte 1) y…

Fandom: Harry Potter
Calificación: +7

Una vieja canción

El mundo iba a acabarse o podían morir esa misma noche. Esa era la razón por la que no estaban asustados. ¿Quién iba a decirles lo que había que hacer y lo que no, cuando habían puesto precio a su cabeza?

Y parecía natural. Mientras en la radio sonaba una vieja canción, parecía lo lógico, desafiar al frío y a la lluvia de fuera apilando los sacos en el rincón. Abrazándose, besándose los dedos de las manos, la piel desnuda hasta entrar en calor.

Felicidad no era la palabra. Aun así, muchos años después, Hermione Granger, Ron Weasley y Harry Potter atesorarían silenciosamente esos momentos.

… tenía que hacerlo. ¡Qué nostalgia! :)

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Las convenciones narrativas

Es curioso cómo los guionistas no tienen problema (salvo los que van de artistas) en reconocer la aplicación de cierta mecánica en su arte. Hablan de personajes con un rol en la historia y de roles “amalgamados”, de tipos de personaje, de picos de tensión narrativa, de pinzas y convenciones narrativas que han utilizado para escribir la historia. Una de las que yo descubrí, cuando estuve en ese mundo, fue el hispano “cortamiel”: si una pareja se pone cariñosa en una serie fundamentalmente cómica, para evitar que la escena caiga en la ñoñez, se mete un cortamiel. Ejemplo: una pareja se encuentra en la oscuridad, se besa y se asegura que se quieren más que nada… para que de pronto se enciendan las luces y se descubra que aquello era una fiesta sorpresa para ella/él y que todo el mundo estaba allí agazapado. ¿Quién no ha empleado un cortamiel para rebajar un poco el exceso de rosa de una escena?

Poner nombre a las convenciones ayuda a usarlas de forma consciente. No nos vamos a librar de las convenciones porque se han utilizado para la narrativa desde hace milenios (y es curioso ver cómo la Odisea o el Romance de los tres reinos funcionan como un reloj). Por tanto, solo cabe reinventarlas y aplicarlas de forma inteligente. Me ha sorprendido descubrir TVtropes.com: contiene una cantidad inmensa de clichés y recursos narrativos comunes al cómic, la televisión y la literatura… algunos establecidos y otros, me temo, acuñados por los usuarios de la web. Mirad, por ejemplo, Schoolgirl Lesbians u otro que yo uso mucho: Betty and Veronica (aunque habitualmente con una chica en el papel del “héroe”).

A mí me encantan los estereotipos y, por ende, sé que uso muchas convenciones en lo que escribo. No obstante, y según mi experiencia, los escritores son gente que confía más en su, er… ¿talento innato? a la hora de escribir. Me explico. En la escritura de novelas se da la siguiente conjunción de factores:

  1. Se considera más íntimo y todavía hoy tiene infinitamente más prestigio que la escritura para otros medios, como la televisión, el cine o los videojuegos.
  2. No es un acto colaborativo ni tan “filtrado” como la escritura de guiones. Uno tiene casi todo el control sobre lo que escribe (salvo si te pasa como a mí, que me crecen los enanos).
  3. Muchos escritores le tienen alergia a la palabra entretenimiento (véase la entrada anterior).
  4. Muchos escritores se creen más profundos de lo que son y asocian escribir novelas con sesudos análisis sobre la sociedad de hoy y el comportamiento humano. Si no hacen eso, sienten que no están escribiendo una novela “de verdad”.

Todo esto lleva a que muchos escritores, tanto profesionales como aficionados, miren estas mecánicas de la narrativa con desconfianza, porque piensan que pueden afectar negativamente a su proceso creativo. Creen que en el momento en que sean conscientes de las convenciones que usan (y, para ser sinceros, todos nos sorprendemos al ver lo universales y manidos que son los argumentos que “se nos ocurren”), su escritura se volverá fatigosa y acartonada. Además, una novela no es exactamente como un cómic o una serie de televisión. El estilo y el lenguaje tienen un peso específico y, en ocasiones, pueden sostener fragmentos que en el lenguaje audiovisual serían imposibles de tragar o siquiera de representar.

Pero no se trata de hacer una historia que sea pura mecánica. Para eso, sinceramente, mejor elegimos otra profesión, aunque está claro que a muchos productores de bestsellers les funciona. Se trata de entender qué estamos haciendo y tener la oportunidad de modificarlo, o de abundar en ello si es lo que deseamos. La chispa creativa, vital para los comienzos (y los desarrollos), se apoya en técnica, técnica y más técnica, además de una enorme dosis de constancia.

En ocasiones hablo con otras personas que también escriben novelas. Mientras que los guionistas están acostumbradísimos a describir “de qué va” su nuevo proyecto (tienen que contárselo al productor, al director y a muchos otros intervinientes en el proceso, además de venderlo), los escritores tienen una enorme dificultad a la hora de explicar estas cosas de una manera simple y comprensible para el ser humano medio. A menudo me dicen cosas como:

  • “De todo”.
  • “De muchas cosas”.
  • “De la soledad y la incomunicación”.
  • “De nada en particular”.

No me cabe duda que una novela es un medio más apropiado que un guión para explicar ciertas cosas. Pero, sinceramente, haríamos bien en bajar un poco todas esas expectativas. Una novela no puede ir de todo porque no, porque el mundo es muy grande y no se puede hablar de todo en un tomito de trescientas páginas. Tampoco habla siempre de la soledad y la incomunicación, por mucho que el autor crea que lo está haciendo; es difícil transmitir sentimientos con una única idea en mente.

No es un pecado decir que una novela va de un chico y una chica que se conocen, se enamoran y después descubren que el amor es más difícil de lo que pensaban, por ejemplo. (De hecho, cuando sondeas un poco más a esta gente, sueles descubrir que sus argumentos que tratan “tantos temas” son tan poco sofisticados como esto.) El amor es algo complejo y siempre nos van a fascinar las novelas que traten del amor. Nunca nos cansaremos de este tipo de historia, al igual que querremos saber más acerca de la muerte, los enfrentamientos, el poder, la amistad… ¿Qué tiene de malo admitir que, despojado de toda parafernalia, tu argumento es un cliché como tantos otros? Si se aplican los recursos y convenciones adecuados, combinados con la originalidad que seguro que tienes y que, esa sí, procede de tu chispa creativa, la idea más vulgar puede convertirse en una historia brillante y potente.

El conocimiento es poder. En lugar de tenerle miedo, conozcamos, averigüemos y luego empleemos lo que nos sea útil en nuestras creaciones; el resto, si no nos vale, podemos relegarlo al cajón de sastre en nuestro cerebro. Pero es mucho mejor tener un cajón nutrido que uno medio vacío; nunca se sabe cuándo una puede necesitar un dedal narrativo que cree haber visto por allí en algún momento…

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Entretener por entretener

Esto no va a ser una entrada demasiado larga y profunda porque me caigo de sueño. Leo en eltiramilla.com (ya sabéis que me gusta la LIJ) la siguiente frase:

(…) echemos el freno ante algunas novelas con poca calidad literaria cuyo fin único es entretener por entretener.

La autora del artículo se explica después mucho mejor, por lo que estoy de acuerdo con ella. Quiere decir que está un poco cansada de novelas “clon” donde todo lo que cuenta son los ingredientes: un poco de intriga, un poco de sexo (el justo, que aún hablamos de literatura juvenil), las dos criaturas chungas de siempre y a vender. Los pseudo-Crepúsculo, digamos, y me perdonaréis los que os gusta esa saga, pero es la cosa más estúpida y aburrida que he leído en muchos años. Puestos a copiar, prefiero que se copie Harry Potter.

El tema es que esa frase me ha llamado la atención porque habla de algo tabú para muchos escritores: el concepto de entretenimiento y de escribir para el entretenimiento del público. Yo, que soy muy literariamente autosuficiente, voy a confesar una cosa: escribo para y por mi propio entretenimiento. Y no me considero superficial. Nunca he sabido ofrecer una respuesta coherente a la pregunta de “¿y tú por que escribes?”, pero si la hubiera, sería parecida a “¡porque me divierte, joder!”.

Hay entretenimientos y entretenimientos. Es cierto que el mundo está plagado de best-sellers apestosos que harían un gran favor si no hubiesen existido nunca (véase la novela antes mencionada, aunque creo que en este caso no es que fuera escrita con lógica comercial; es que la autora piensa así y le divierten esas cosas), pero no creo que escribir para entrener(se) sea ningún pecado. Todo lo contrario. En ocasiones salen verdaderas maravillas de obras que se escribieron por puro entretenimiento del público (Shakespea-cof, cof). Y lo siento, pero en el mundo de hoy es necesario atrapar la atención de los lectores de formas que mi querido Italo Calvino, por brillante que sea, no puede conseguir. Estamos demasiado viciados por las imágenes, demasiado bombardeados por la necesidad de acción.

Aunque a lo mejor lo que a mí me pasa es que soy un poco rarita y me entretengo pensando en el sentido de la vida. Tambien me aseguraban que la telebasura estaba ahí porque “entretenía” y, la verdad, yo siempre la he visto muy aburrida. Pero me entretengo mucho hablando de Jordan y Mary, Jordan y Mary, Jordan y Mary y los uniformes de color gris y granate.

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Escollos en noviembre (I)

A veces me paso de lista. Voy y pienso: ¡je, je! Voy a aprovechar el NaNo para escribir una novela cuya primera parte ya hice en su momento (la estoy reescribiendo) y cuyo universo me tengo tan conocido que será facilísimo describirlo. Así seguro que me hago las 50.000 palabras en una semana, me decía yo; será como preparar huevos revueltos con baked beans de bote.

Pues por lista, me he dado de bruces con una dificultad que no había previsto. Yo hasta ahora no había empleado ningún NaNo para continuar algo ya empezado, con la salvedad del NaNo de verano 2008, en el que seguí con Ilustania; pero aquello era otro rollo. Ahora me he encontrado con ese problema de la “mente sucia” del que advertía Chris Baty. No es lo que estáis pensando. Es poner los dedos sobre el teclado, escribir “Larissa Higgins era…” y quedarme en blanco, porque ¿qué puedo decir de Larissa Higgins que la resuma en dos patadas, después de todo lo que ya he escrito sobre ella? ¡Si me sé su vida en verso, pasada, presente y futura! Y encima Larissa, en esta novela, es una secundaria. ¡Imaginad cuando tengo que hablar de Jordan o Mary!

Así las cosas, los dos primeros capítulos han salido mucho más serios e introspectivos de lo que yo esperaba. Mucha descripción del colegio y una sorprendente falta de interacción dialógica blytonesca. Como no quiero abrir los viejos archivos, lo estoy escribiendo todo desde cero. Y noto que falta ese rollo camp entre las chicas, el de córcholis y repámpanos y Larissa y Tracy chupando salchichas en el comedor mientras el resto se parten de risa. Vamos a ver si puedo corregirlo a medida que avance, porque mucho drama familiar y tal, ¡pero yo en parte lo escribía por escenas como la de las salchichas!

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Yo soy esa

Aprovecho que hoy es el último día de estrambotica.com online para confirmar que, efectivamente, yo soy esa. Algunos me habéis seguido la pista hasta aquí por distintos canales. Pues sí: yo soy aquella del blog multitemático en el que tan pronto se hablaba de política y deconstrucción del género como de lo mucho que me tocaba las narices alguien de mi clase o de mi vida sexual. También soy aquella de las historias tórrido-paródicas sobre Britney Spears y Christina Aguilera. Soy la de Callisto escribiendo fanfiction, la de George debatiendo si WASP o no WASP, la entusiasta del femslash que daba volantazos de un camino a otro y no llegaba hasta el final de ninguno. Soy la de la web de los consoladores y de Kirsten Dunst en ropa interior, entre muchas otras.

¡Y esa etapa no va a volver!

… Aunque les he echado un ojo a las entradas sobre narrativa, personajes y frikadas varias (como hablar de Elige tu propia aventura y Los cinco de Claude Voilier en la misma entrada), y quién sabe, lo mismo reciclo alguna.

¡Feliz Halloween!

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Girls in Grey

Ya sé que esto es una mariconada, pero

  1. estas chicas fueron importantes en la 2ª Guerra Mundial
  2. estas chicas iban de gris, como las chicas de Gaylands
  3. de alguna forma este documental es muy inocente y adorable

Si queréis escuchar la composición musical inspirada por estas mismas chicas (bueno, quizás por sus tías o sus hermanas mayores; este vídeo es de los 50 y el tema es de los 40), fue muy famosa por convertirse en la sintonía del “newsreel” de la BBC en 1949. De esa época a mí me gustan también el Westminster Waltz y Jumpin’ Bean.

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Más detalles sobre El último verano

Aprovecho que Imgrot y mi padre están ocupados viendo Los siete samuráis y que fuera llueve (¡para variar en este gran país!) para escribir esta entrada. Parece que está todo preparado para emprender la aventura del NaNo 2010. Tengo idea (definitivamente, El último verano), esquemas, personajes para dar y tomar, software para escribir y emoción, y hasta versiones anteriores de algunas escenas y capítulos, que solo usaré como referencia.

Dudo entre volver a escribir el prólogo o dejarlo tal como está por el momento. Curiosamente, ese prólogo ha enganchado a varias personas desconocidas para mí, que me han escrito para decirme las ganas que tienen de leer la novela (¡gracias!). Y yo que había creado esta web básicamente por el Pavo. ;)

En cuanto al título, no estoy segura de si se seguirá llamando El último verano o si pasará a decirse Hartfield Island, que después de todo, es el lugar mítico al que todo el mundo quiere regresar. He decidido conservar bastantes nombres en inglés “duro”, como Hartfield Cottage, Hartfield Island y similares, aunque lo apropiado en otro contexto sería traducirlos. Pero esta novela es una exposición de clichés británicos (para extranjeros) uno detrás de otro, así que supongo que puedo dejarlos así para crear ambiente. (¡Cuando escribí la primera versión importaba hasta estructuras gramaticales y juegos de palabras del inglés!)

En esta novela, lo primordial son los sentimientos. Aunque tiene más argumento que otras que he hecho (sin señalar, ejem), el punto álgido son las emociones: Mary quiere a Jordan (¿pero de qué forma?), Jordan quiere a Dylan (pero lo odia), Bob quería a Aisha (pero la abandonó). Todo el mundo está molesto porque no puede ni librarse de sus sentimientos ni enfrentarse a ellos, y esta común situación provoca sufrimiento. Intentaré no salirme de madre, pero tampoco me voy a tirar de los pelos si hay algún exceso emocional: para un NaNo, mejor que sobre que no que falte.

Hay una única cosa que realmente creo que es un poco excesiva: la cantidad de personajes… ¡y de lesbianas! Me esfuerzo horrores por controlar a las chicas del internado, pero hay como poco 4 (¿5?) que se dan un paseíto por la otra acera en algún momento de la novela. Sí, yo me divierto, pero seamos sinceros: en esa época, cuando la homosexualidad se consideraba una enfermedad y a los sodomitas los metían en la cárcel, y las mujeres no pensaban en sexo ni aun si dormían con las manos de su mejor amiga debajo del camisón, la admisión abierta de estos sentimientos es un poco… excesivo. Supongo que me corresponde a mí decidir cuáles de estas historias debo sacrificar, velar y/o reservar para Las chicas de Gaylands, que sí es abiertamente una lesbo-fantasy sin ninguna pretensión de realidad. Aunque por otra parte, ¡jolines! ¿Me voy a quedar sin los (inocentes) tejos que le tira Millie a la inocente Mary? Sarah Waters se hincha de meter lesbianas victorianas, y a ella le hacen series en la BBC. :D

Por último, me he dado cuenta de que escribo con un dedo de menos, o sea, con nueve. ¿O será con ocho? En fin, el caso es que mi escritura en ordenador no es tan perfecta como yo pensaba. Con razón me suele doler el dedo corazón derecho después de estar un rato escribiendo; creo que se ocupa de la mitad del teclado…

Ah, y se me olvidaba. ¡Esta es mi nueva Biblia a partir de ahora! ;)

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