La gestación de una novela (I)

¿Cómo se crea una novela?

Si tuviese la respuesta, ¿creéis que estaría escribiendo como una gilipollas en un blog donde a menudo me hablo a mí misma y currando diez horas al día en un país en el que llueve un día sí y otro también? Pues quién sabe: a lo mejor sí. Porque da la casualidad que yo de terminar novelas o de vender novelas no sé demasiado, pero de crear novelas, oye, un rato. Incluso diría más: es mi afición favorita después del sexo.

Voy a dar comienzo a una serie de entradas relacionadas con esta pregunta tan común, y voy a intentar responderla desde una perspectiva personal. Hay tantas formas de crear novelas como escritores, y hay tantos escritores como personas. Yo conozco la mía (que por alguna razón es la que suelo emplear) y tengo el gusto de haber presenciado el proceso creativo de otros. Por eso mismo sé que puede ser muy diferente… y a la vez muy similar, ya que todo empieza con lo mismo:

Una idea.

Stay tuned.

Publicado en Escritura | 1 comentario

Schoolgirls’ Adventure Book (1938)

Me encanta el país en el que vivo ahora, porque a veces para mí es como vivir en Frikilandia. Como muestra, el libro que desde hace semanas voy devorando pedacito a pedacito.

Schoolgirls' Adventure BookLleva una dedicatoria dentro fechada en 1938, nada más y nada menos. Y las historias son realmente interesantes. Es como leer todos los estereotipos presentes en los libros de Enid Blyton, uno detrás de otro, pero con tanto candor e inocencia que resultan arrebatadores. Hay egipcios malos que odian a los ingleses; gitanos malos (aunque la palabra “gitanos” no se menciona) que actúan en los circos y roban niños; franceses artísticos y francesas un poco descocadas, marineros soñadores y con acento, rebeliones escocesas sofocadas en siglos anteriores… y por supuesto, montones de chicas que se deshacen en gestos cariñosos por su amiga especial, colegialas tramposas que cambian los palos de lacrosse en el momento más importante, y enemigas acérrimas cuya sola mirada humedece la entrepierna de hiela la sangre a la protagonista.

Vamos, que me lo estoy pasando teta. Es como leer Las chicas de Gaylands, pero en serio.

Mi único horror es que cierto día se me deshaga en las manos, porque es verdad que está viejecito. Es curioso: me compré otro libro similar de 1966, y las historias me resultaron bastante menos interesantes. En vez de esos amores con la mejor amiga y esas aventuras entre gente extraña en Egipto, muchas historias hablaban de la fama, de la profesión, de los chicos en un plan menos romantizado… Me recordaban mucho más a Esther, de Purita Campos, que a las clásicas historias de colegialas tipo Torres de Malory. Está visto que algo cambió en los 60.

¿Cuál sería el equivalente de estos libros hoy día?

Publicado en Lecturas personales | Deja un comentario

Un pavo rosa. Acto I, capítulo 5: Nick

—Espérate un minuto, que me vista —había dicho Nick, y Alex se había quedado frente a la ventana del salón.

Pero Nick no dejaba de tener la impresión de que un ojo azul la espiaba por la rendija de la puerta de su habitación, así que la cerró. Después de todo, esta tía ha estado hurgando por todas partes. Puso la silla de su escritorio contra el picaporte, abrió el armario y se quitó el albornoz. Soltó una palabrota. ¿Podría dejar de sangrar como un cerdo allá donde voy? Nota mental: lavar albornoz. P.D.: Lavadora ocupada. Comprobar si el futuro bote de Herbal (recordar nota mental anterior) también vale para esto. Arregló como pudo el desaguisado y se vistió con ropa limpia. Se puso de puntillas y se miró en el espejo del armario. Empicotaos como piedras. Decidió ponerse otra camiseta menos reveladora, pero no encontró ninguna que fuera de su agrado. Esta me hace gorda. Con esta parezco una secretaria como mi madre. ¡Esta la llevaba cuando iba a entrenar con Nuria! La montaña de piezas de ropa sobre la colcha fue creciendo, hasta que en el armario sólo quedaron dos camisetas.

Cuando Nick regresó al salón, con los rostros de los Backstreet Boys estampados sobre la negra superficie de su vieja camiseta, Alex no se había movido. O eso parecía. Tenía las manos metidas en los bolsillos y miraba hacia los edificios de ladrillo de fuera. Nick fue rápidamente hacia la tira de fotos del fotomatón, la agarró y se la metió en el bolsillo. Nota mental: recordar: vaciar bolsillos antes de lavar pantalones. Mi vida corre en un tambor de lavadora.

—Bueno —comenzó. Aquello no iba a ser fácil.

—He puesto el café en un par de vasos limpios —dijo Alex, y señaló con la cabeza a la mesa baja, donde un par de moscas se daban un banquete con lo que quedaba de la pizza de Nick del día anterior—. Con leche para mí y solo para ti. Aunque deberías tomarlo con leche, si quieres mi opinión. El café solo es por propia naturaleza muy indigesto. Y al lado está el plumcake. Yo ahora mismo no tengo mucha hambre.

Nick se sentó en su sitio del sofá, con las piernas sobre el asiento. Tomó uno de los vasos. Alex dio un rodeo y se sentó en el chirriante sillón de su madre. Nick dio un sorbo y tragó. No es whisky, pero tendrá que servir para inspirarse.

—A ver —dijo—, tendremos que hacer esto rápido porque mi madre va a venir en, no sé, antes del mediodía. ¿Qué hora tienes?

Alex consultó su reloj digital. Nada menos que un Casio Data Bank, la piba esta. Las cejas de Nick se enarcaron sin quererlo.

—Aproximadamente las diez y media.

Sigue leyendo

Publicado en Un pavo rosa | Deja un comentario

Un pavo rosa. Acto I, capítulo 4: Alex

—Estoy segura de que podemos llegar a un acuerdo —aseguró Alex, y aunque su voz sonaba como siempre, todo su cuerpo temblaba.

Por un instante coleteó en su cabeza la idea de que fuese verdad. Después de todo, ¿quién querría hacerle daño a una persona que va tranquilamente por la calle sin meterse con nadie, canturreando canciones escritas por Kurt Cobain? Es de locos. Alex no se metía (al menos de forma grosera y a la cara) con nadie, ergo no esperaba que nadie se metiese con ella. Lástima que la lógica de Alex se hubiese revelado tan endeble en los últimos, digamos, trece años.

Además, la chica pelirroja no parecía entender mucho de la verdadera personalidad sensible y curiosa de Kurt Cobain, y ahora estaba tan cerca que Alex no sólo podía ver el lunar, sino también oler su aliento a “buenos días Alcalá” y a alcohol reconcentrado. Menos mal que Nick no olía así ayer, pensó tontamente; en cualquier caso, era Nick y el aliento de Nick, que merecía ser embotellado. Alex miró a izquierda y derecha. Los chicos bloqueaban el paso. Alex carraspeó.

—Después de todo, somos personas civiliza… —y se dobló del dolor; la pelirroja, Nata o como se llamara, le había soltado un directo en la boca del estómago—. ¡Ay, Nick! —la chica rebuscaba a tirones en su bolsillo—. ¡Soco—ooough! —Nunca más pensaría que las mujeres peleaban a grititos y arañazos. Esta chica tenía combinadas la fuerza de Buffy y de Xena.

Alex agarró la mano de la pelirroja para salvaguardar su integridad monetaria, pero esta la golpeó en la cara con uno de sus anillos. Alex sintió dolor y tropezó con la bolsa. Se apretó contra el cristal de la puerta del portal, mientras el chico pequeño rebuscaba en su otro bolsillo.

—¡Niiiiick!

—Suelta —decía la niñata—. ¡Suelta o te doy otra vez!

Cumplió su amenaza. Alex sólo pudo pensar que tenía suerte de no llevar puestas las gafas. De pronto tuvo muchas ganas de estar en su cama, la de su casa, desayunando tranquilamente con un Cola-Cao caliente y el pijama puesto, mirando con ensueño a los ojos de Luke Skywalker en el póster que tenía colgado en la puerta, y no bajo el sol de Nueva Alcalá mientras recibía una paliza por parte de cuatro matones. Alguna parte oscura de su mente, quizás aquella que había encarnado la imagen de Alex desde los once a los quince años, la regañó con la voz cavernosa de monseñor Sebastián: ¿lo ves? Esto es lo que pasa cuando desobedeces a tu santa madre. Alex golpeó el cristal.

—¡NICK!

De pronto, la puerta se abrió y Alex cayó hacia dentro del portal. No lo pensó dos veces. Cuando vio aquella figura envuelta en el enorme albornoz, podría haber sido San Pedro bendito. ¡Alex también tenía que preocuparse de vez en cuando por su seguridad! Veloz como el viento, se refugió detrás de ella.

—¿Qué c…? —dijo desde algún lugar la voz de Nick.

Sigue leyendo

Publicado en Un pavo rosa | Deja un comentario

Un pavo rosa. Acto I, capítulo 3: Nick

—Y en el número cinco de nuestro Top Play continúa DJ Kun con su canción “Ponle sabor”. Os dejamos con ella.

El locutor del Play Music se calló y Nick escuchó la letra de una canción conocida. Agitó las piernas, las subió al borde de la taza del water y canturreó: DJ Kun trae el ritmo que todos esperan, baila con los pies, piensa con la cabeza. Escuchó que, al otro lado de la pared, el vecino entraba en el baño y golpeaba el tabique. No lo hagas al revés, te juro que no funciona. Nick alargó la mano y respondió con dos golpes contra la pared. Era su saludo habitual cuando cada uno se encontraba inmerso en su visita mañanera al señor Roca.

Para Nick, esos momentos eran su único remanso de tranquilidad en el día. Allí no había voces que gritaran su nombre, al menos mientras ella no se pasase de los quince minutos de rigor que duraban la visita y la ducha. No había profesores gilipollas haciendo insinuaciones sobre su capacidad de retener datos o forzándola a aprenderse textos de mierda. Nota mental: desempolvar nota mental (probablemente fechada Mi 01/07/1998) en la que juramos rayarle el coche al Moretón por ese suspenso. Eliminar nota mental. Sustituir (a día de hoy, Sa 29/08/1998): averiguar dónde vive ese cabrón y hacerle alguna pifia. Romperle la ventana si es posible. Sí, me mola. No había ninguna Nuria Monago que fastidiara en su presencia o en su imaginación, paseándose por ahí toda chula con el Migue de la mano por el patio del recreo. Eh, Vero, te pasa algo conmigo o qué. No te jode. No me vas a engañar con tu carita de niña enfadada y poniendo morros y en tu súper chándal Nike sudado con la bola de baloncesto en la mano por muy buena que te creas que estés. Guárdate esas cosas para quien le afecte. Y trae para acá la bola, que es mía. Últimamente estás que no hay quien te aguante. Hostia, hostia, hostia. No me calientes la bola, Nuria, que sabes perfectamente lo que me pasa. Serás zorrón. No me calientes la bola que un día te la ganas. Te lo juro. Un día te la vas a ganar.

Era la primera vez que Nick se encontraba en su lugar sagrado, con una vieja Bravo entre las manos, y no podía concentrarse. Esto le molestaba profundamente. Lanzó la Bravo a una esquina y decidió pasar a la segunda parte de su rutina: la ducha. Pero una y otra vez, tenía la impresión de que una tía rara con los ojos azules (Alex. Se llama Alex.) abría la puerta del baño como un huracán, casi sacándola de las bisagras, y se arrojaba sobre ella para darle un beso en la boca —Nick guiñó los ojos sin poder evitarlo— y, y, y bueno, era lógico, lo mismo querría incluso repetir aquello que todas las señales indicaban que había sucedido en el dormitorio. Nota mental: tirar bote de Herbal. Ah, y sacar la basura después. Odio los sábados.

Sigue leyendo

Publicado en Un pavo rosa | Deja un comentario

Un pavo rosa. Acto I, capítulo 2: Alex

—Ah, ah, ah. I’m so happy. Ah, ah, ah… Today I found my friends.

Alex no sabía si esa música que escuchaba procedía de su garganta o si el río Henares estaba entonando una canción sólo para ella, como los ríos cantan en los cuentos. Al fin llegó a la conclusión de que no, se trataba de ella misma, y el sonido que emitía era una versión algo sui géneris de una conocida canción de Nirvana. Mejor dicho, una mezcla de esa melodía y jadeos entrecortados de cosecha propia, producto de haber bajado cinco pisos a todo correr.

—Ah, ah… —Alex contuvo la respiración y la dejó ir a intervalos regulares, tal como le había enseñado hacía años su cardiólogo—. Ah… ah. Ahhhm… my head.

La tercera a la izquierda y luego a la izquierda otra vez, le había dicho Nick. Sí. Nick. Nick con sus ojos del color de la miel, su naricilla respingona y el angelical cabello rubio platino que enmarcaba —acariciaba, pensó Alex— su rostro. Y sus labios, oh, sus labios. Alex se apoyó contra la pared del edificio y dejó que su nuca descansara en el polvoriento alféizar de una ventana. ¿La tercera a la derecha y luego a la izquierda? Y había que cruzar la calle. Nick tenía la boca tibia y dulce. Sí, no muchos sabían verlo, pero Nick era tan dulce.

—A los buenos días —escuchó Alex a su espalda.

Se volvió, pero su melena había quedado atrapada por algo pegajoso. Dio un tirón y se quejó; varios cabellos largos quedaron atrás, balanceándose en lo que parecían unos restos de chicle. Tras ella, un hombre grueso y descamisado, de pelo y barba gris, había aparecido en la ventana, en mitad de una nube de humo. Alex entrecerró los ojos. Por primera vez fue consciente de que no llevaba puestas las gafas.

Sigue leyendo

Publicado en Un pavo rosa | Deja un comentario

Un pavo rosa. Acto I, capítulo 1: Nick

—¡Mierda!

Nick Harrington levantó la cabeza y miró las soleadas colinas que la rodeaban. El nudo de la hamaca se deshizo, Brad Pitt dejó de sujetar amorosamente su rostro y Keanu Reeves emergió de entre sus piernas con la misma expresión de perplejidad. Nick rodó por el suelo, se escurrió sin poder evitarlo por el agujero que en él se había abierto y aterrizó de golpe en el mundo de los vivos. Cerró los ojos con fuerza. Oh, no, ahora no.

Conocía aquella cantinela. Al despertador no se le acallaba con un simple manotazo. Había que cogerlo, desenchufarlo y volver a hacerse un ovillo entre las sábanas si una quería dormir. Y el jodío era persistente, quizás por la pila que llevaba puesta, que hacía que incluso desenchufado fuese capaz de emitir —si le daba por ahí— la melodía de En la granja de Pepito, ía-ía-o, sin nada que lo conectase a la corriente, como una escolopendra partida por la mitad o una lagartija sin rabo que sin embargo seguía correteando por ahí y daba el mismo asco. Pero casi era peor que se callara; vale, una dormía unos cuantos minutos más y tan feliz; pero de pronto comenzaban los manotazos en el lomo y la dichosa voz:

—¡Mierda! ¡Verónica, las siete y cuarto, Verónica! ¡Mierda! ¡El café, Verónica! ¿Qué haces que no te has levantado todavía?

Y aun así, Nick continuó con los ojos obstinadamente apretados. Su otro yo observó con nostalgia por el agujero del techo a Brad Pitt y Keanu Reeves, que se inclinaban para saludarla, con sus camisas vaporosas y sus viriles pechos depilados. Nota mental: los tíos siempre están mejor con el pecho depilado. Proponérselo a Richi si lo vuelvo a ver. Ay, Richi. ¿Qué hostias es esto? Eliminar nota mental. Volveré pronto, a ser posible la noche siguiente, voceó Nick. Pero el deber, fuera lo que fuera aquello, la llamaba; contra sus costados se refregaban las cosquilleantes sábanas de la cama, el puñetero rayo de sol de siempre caía sobre su frente, y si se esforzaba, a medida que se cerraba el agujero que la comunicaba con Brad y con Keanu podía escuchar los pajarracos que cantaban a pleno pulmón junto al río. Ruiseñores, tu padre. El deber. Mierda…

Entonces Nick se dio cuenta de algo.

La voz que había dicho “mierda” no era la conocida voz que le golpeteaba los oídos, perteneciente a la persona que le golpeteaba el lomo cada mañana. Su “mierda” había sonado tentativo, casi desesperado. Los ojos de Nick se movieron un poco bajo sus párpados. No se le ocurría quién podía hacer que esa palabra sonase así.

La comunicación con L.A. se cerró definitivamente y Nick fue Nick de cerebro pastoso sobre la cama, incapaz de hacer mucho más que mover los dedos del pie y ordenar a sus párpados (sin éxito) que comenzasen a ir pensando así como en abrirse en el cuarto de hora siguiente. Hizo un esfuerzo supremo y deslizó el pie hacia atrás, hasta que su talón se topó con el trasero de alguien sobre el colchón. Las nalgas ajenas brincaron y hubo un pequeño estruendo.

—¡Ay, caray! Mi— mi—…

Los ojos de Nick se abrieron como los de su más querida muñeca de su infancia al ser colocada en posición vertical. Se incorporó. Sintió náuseas y un dolor le martilleó las sienes al más puro ritmo tecno-jarcor del Radikal, pero lo desdeñó para darse la vuelta.

La chica le devolvió la mirada. Estaba de pie junto a la cama (se acaba de levantar, pensó Nick) con las manos temblorosas, una enorme camiseta negra desgastada y unos vaqueros de pitillo que habían soportado un sinnúmero de lavados. El cabello se le enredaba por la espalda. Pero lo que desconcertaba a Nick eran sus ojos, aquellos enormes ojos azules con tanto iris que resultaban antinaturales, y su boca. Habitualmente no sonreía, pero de pronto, la comisura de sus labios se curvaba hacia arriba en una especie de tic nervioso.

—Hola. Buenos días. Perdona, pero, ¿dónde tenéis el detergente?

Sigue leyendo

Publicado en Un pavo rosa | Deja un comentario

Un pavo rosa. Acto I, capítulo 0

¿Qué quiere conseguir así?
¿Qué quiere conseguir?
¿Cómo cabalga en un sueño irreal
bajo la carga del viejo metal?
¿Cómo entre fábulas puede vivir?
¿Y qué puede ver en mí?

(Canción “¿Qué puede ver en mí?”, El hombre de La Mancha, 1965)

Hay una Dulcinea que crea cada cual.
Es suya y de nadie más, un sueño de la vanidad.
Es mágica y sensual, esa Dulcinea
que vive en su interior.

(Canción “A cada cual su Dulcinea”, El hombre de La Mancha, 1965)

ANUNCIO

(colgado en el tablón y adornado con comentarios a boli)

01.VI.1998

Se informa a todos los alumnos del I.E.S. _____ de Alcalá de Henares que la representación de la obra musical “EL HOMBRE DE LA MANCHA” se realizará finalmente en el salón de actos O SEA GIMNASIO el día 30.VI.1998 NO VA A IR NI CRISTO con motivo de las pruebas de acceso a la universidad de los alumnos de COU, para que a éstos les sea posible preparar su Selectividad con el debido tiempo y dedicación. TU PADRE

El elenco de alumnos protagonistas participantes en la obra queda finalmente como sigue:

— MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA/DON QUIJOTE DE LA MANCHA: Alejandra Blanco (3º BUP)

ESTO ES UNA BROMA????
NO ES UN CACHONDEO
PELO-ESCOBA CONTRA LOS MOLINOS!!

— ALDONZA/DULCINEA: Verónica Harrington (4º ESO)

DULCI, SE ME QUEMAN LOS MOLINOS!!!!!!!

— SANCHO PANZA: Jorge Soccoli (3º BUP)

LO PRIMERO SOBRA

— EL GOBERNADOR/POSADERO: Román González (COU)

— EL DUQUE/SANSÓN CARRASCO: Miguel Aguado (3º BUP)

— SOBRINA (ANTONIA QUIJANO): Nuria Monago (4º ESO)

TIA BUENA

— AMA: Eva Chiloeches (COU)

La obra está dirigida por el Exmo. Prof. D. LEANDRO DE MORETÓN (MARI…), Profesor de Literatura, Lengua Española y Lengua Inglesa en este instituto, que amablemente se ha prestado a esta labor.

Deseamos la mayor participación por parte de la audiencia e invitamos a todos los alumnos a que avisen a sus señores padres de la representación de dicha obra, que no dudamos que por sus valores intrínsecos y la atemporalidad y universalidad del gran escritor oriundo de nuestra querida Alcalá, será un gran espectáculo para toda la familia. TU PADRE

La Dirección.

Publicado en Un pavo rosa | Deja un comentario

El último verano. Prólogo

Tenía dieciséis años. El cabello rubio le caía hasta los hombros y lo llevaba parcialmente recogido en una pulcra coleta. Su frente, amplia y despejada, daba paso a dos pequeños ojos de color azul celeste, tímidos y nerviosos, que miraban en todas direcciones buscando un punto de referencia. Su nombre era Mary Kerry, y era alumna de cuarto grado del colegio Gaylands.

Vestía con sobriedad, como correspondía a una chica de su edad, con una blusa blanca de verano, una ligera rebeca rosa y una falda gris. Aún no llevaba medias, pero en aquella parte de Inglaterra hacía tanto calor que habría sido impensable ponérselas, incluso por la mañana. Se hallaba sentada a la sombra en el jardín y junto a ella, sobre la mesa de piedra, se hallaba un vaso lleno de un líquido naranja. La tía Judy, que salía de la casa en zapatillas, se fijó en ese detalle.

Sigue leyendo

Publicado en El último verano | Deja un comentario

Imgrot, webizado

Imgrot se ha creado una web, que ya era hora, así que he dejado que publicara en ella el fanfic de Conan que le escribí. Menos mal que logré terminarlo antes de que fuera demasiado grotesco…

Publicado en Retos y relatos | Deja un comentario